La Oclocracia dejara de triunfar cuando se corrija el Código de la Democracia.
- 25 abr 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 16 dic 2025
El derecho a elegir no equivale al derecho a gobernar
En el Ecuador existe el derecho a elegir y ser elegido. Lo que no existe —o al menos no se practica— es el sentido común. Porque tener un derecho no implica, necesariamente, que todos deban ejercerlo sin filtros, límites ni consecuencias.
El socialismo ha logrado una hazaña curiosa: convencer al individuo promedio de que sus deseos personales son derechos adquiridos y que, por supuesto, siempre pueden financiarse con el dinero ajeno. Bajo esa lógica infantil se explica buena parte de la crisis política que atraviesa el Ecuador —y buena parte de Latinoamérica—: ideas populistas que promueven la proliferación de políticos, partidos y movimientos sin ideología clara, sin principios y, en muchos casos, sin vergüenza.
Somos un país de apenas 16 millones de habitantes, con una cultura política limitada y una educación cívica paupérrima, reducida muchas veces al adoctrinamiento de borregos que están mal acostumbrados. El resultado está a la vista.
¿Cómo es posible que uno de los candidatos a presidir la Asamblea Nacional tenga antecedentes penales y esté procesado, llamado a juicio por peculado? La responsabilidad de esta aberración es compartida, pero no nos engañemos: los electores tenemos la última palabra… y la usamos bastante mal. — Esta columna fue escrita cuando Cesar Litardo estaba de candidato para ser presidente de la Asamblea—
El aspirante no debería candidatizarse —ni para asambleísta, peor para presidente de la Asamblea—, si tiene problemas con la ley. Pretender ocupar un cargo para el que no está moral ni técnicamente capacitado ya es, en sí mismo, una forma de corrupción.
El Consejo Nacional Electoral jamás debió permitir que un individuo con estos “detallitos” haya sido calificado para un cargo de elección popular.
El electorado no debería otorgar su voto ni su apoyo a este tipo de candidatos, aunque el discurso sea bonito y el afiche esté bien diseñado.
No debemos pecar de egos inflados apoyando candidaturas que “a simple vista” parecen buenas. En este contexto, votar bien suele significar votar por la opción menos mala, no por la más ruidosa.
Es urgente exigir a las autoridades competentes reformas reales que impidan que oportunistas corruptos lleguen al poder sin una legitimidad mínima.
Seguramente me tacharán de fascista, antidemócrata o cualquier etiqueta de moda. Pero si algo demuestra la historia es que la ignorancia es el combustible favorito de todo mal gobernante. Si de verdad queremos evitar que el populismo siga tomando el mando, el camino no es votar más, sino votar mejor, incluso si eso incomoda a algunos dogmas y así evitaremos que la oclocracia derrote a la democracia
Eliminar el voto obligatorio.
Eliminar el voto de los presos.
Eliminar el voto de quienes viven en el exterior.
Eliminar el voto de extranjeros.
Eliminar el voto de menores de 21 años.
Eliminar el voto de las personas que no saben leer ni escribir.
Eliminar el voto de empleados públicos, religiosos y militares en servicio activo y pasivo.
Eliminar el financiamiento estatal de campañas.
Eliminar el método D’Hondt.
Eliminar el voto de personas que reciben ayudas sociales, subsidios o bonos.
Aumentar el control del gasto electoral.
Elevar los requisitos para formar partidos políticos o movimientos ciudadanos.
Elevar los requisitos para aspirar a cargos de elección popular.
Requisitos mínimos para candidatos:
Ser hijo de padre y madre ecuatorianos.
Si es casado, que su cónyuge sea ecuatoriano hijo de padre y madre ecuatorianos. Si se casa durante su período, que sea bajo las mismas condiciones; caso contrario, que renuncie o aplace el matrimonio.
No tener antecedentes penales.
Que sus familiares directos tampoco los tengan.
No mantener vínculos con grupos animalistas, ambientalistas, abortistas, feministas ni organizaciones de izquierda extrema.
Para evitar la absurda sobreoferta de aspirantes, debería establecerse que solo los cinco primeros candidatos que cumplan todos los requisitos puedan participar a cualquier cargo público de elección popular.
Esta es solo mi opinión. No busco imponerla, solo compartirla. Y si no estamos sintonizando la misma emisora, siempre queda la posibilidad —cada vez más rara— de intercambiar ideas sin insultos ni consignas prefabricadas.



Comentarios