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Iniciaste una nueva etapa sin darnos cuenta

  • 7 abr
  • 5 Min. de lectura


Ayer se celebró un momento profundamente significativo en tu vida. Cumplir diecinueve años no es simplemente sumar un número más al calendario; es estar a solo un año de cruzar silenciosamente un umbral importante. Ayer me di cuenta de algo que emociona y sorprende al mismo tiempo: ya no eres un adolescente. Hoy eres un joven más maduro, más centrado, que ha dejado atrás la adolescencia sin heridas graves —a diferencia de tu hermano, ja ja— y espero de corazón que ese camino siga siendo así para ti.

A mí también me llegó esta fecha rapidísimo. Pasó tan rápido que ni siquiera tuve tiempo de preparar algo especial para ayer, y por eso estas palabras llegan ahora, pero llegan con todo el cariño que siento por ti.

Inicias un nuevo año de vida que te deja a solo 360 días de comenzar tus veinte. Y quiero compartir contigo algo que ojalá alguien me hubiera dicho a mí con claridad: los veinte no son solamente una época de fiesta, como muchas veces los adultos les dicen a los jóvenes. Esa idea, aunque parezca inocente, puede hacer mucho daño. A mí también me lo dijeron, y hasta yo mismo se lo repetí a tu hermano alguna vez.

“Disfruta ahora que eres joven”, suelen decir. Pero muchas veces lo interpretan como una invitación a desperdiciar el tiempo. Y la verdad es otra.

Tus veinte son una de las etapas más poderosas de la vida. Es cuando tienes más testosterona, más energía, más ambición, más capacidad para aprender, crecer y construir. Para tu ventaja, hoy tienes condiciones que muchos no tienen: no pagas techo ni comida, tienes un trabajo estable, estás estudiando una carrera que te gusta y que además podrá aplicarse en la misma empresa donde trabajas.

Por eso quiero decirte algo con todo el cariño del mundo: sé más inteligente que yo a tu edad. Aprovecha esta etapa para construir. Invierte tu tiempo en formarte, en crecer, en desarrollar tu carácter, tu mente y tu disciplina. Si lo haces ahora, cuando llegues a los treinta o cuarenta podrás disfrutar con tranquilidad de la vida que empezaste a construir a los veinte.

Tienes en tus manos herramientas muy valiosas: tu salud, tu trabajo, tus estudios, y sobre todo el amor de tu familia. Tienes a tus padres y a tus abuelos que te acompañan y te apoyan en todo. No desperdicies ese privilegio.

Concéntrate en estudiar — que tus clases apenas ocupan 13 horas a la semana—, en hacer tu trabajo de manera correcta, prolija y honesta. Y haz mucho ejercicio. No importa qué deporte elijas, pero ámalo y practícalo con pasión, eso será tu terapia para futuras frustraciones y si alguna vez quieres que te acompañe hacer deporte, solo tienes que decirlo. Para mí será un gusto compartir ese tiempo contigo.

Verás que el deporte puede llevarte a cumplir metas que ni siquiera imaginas hoy. Yo, casi a los cincuenta años, he hecho cosas que a tu edad ni siquiera intenté… y muchas veces fue porque no tuve una guía que me señalara esos caminos.

Este momento de tu vida es especial. Es el punto en el que la adolescencia empieza a quedar atrás y el camino de la vida adulta comienza a desplegarse ante ti con toda su grandeza, sus desafíos y sus infinitas posibilidades.

Disfruta de momentos y celebraciones con amigos y familia, pero sin excesos, lejos de las drogas y el alcohol, aprende también a elegir bien los ambientes que frecuentas. Hay lugares que elevan a un hombre y otros que lentamente lo denigran y lo van vaciando. Los cabarets y casinos son ese tipo de espacios que suelen ofrecer una ilusión de compañía y diversión, pero nunca dejan algo bueno en el corazón o en la vida de quien se acostumbra a ellos.

Durante todos estos años he tenido el privilegio de verte crecer. Es verdad que desde la pandemia nuestras vidas tomaron cierta distancia y no siempre pude estar tan cerca de ti como hubiera querido, pero eso nunca cambió mi deseo de ser una mejor guía para tu camino. He intentado aprender de mis propios errores para equivocarme menos en la manera de orientarte, con la esperanza de que tú puedas aprender no solo de tus propias experiencias, sino también de las nuestras.

He visto cómo el niño que alguna vez fuiste se ha ido transformando, poco a poco, en el joven que hoy eres: alguien que empieza a construir su propio criterio, su propio camino y su propia manera de entender el mundo.

A partir de ahora la vida comenzará a pedirte algo más profundo: carácter, responsabilidad, decisiones propias y la valentía de asumir las consecuencias de cada paso. Pero no temas a ese desafío, porque dentro de ti ya están sembradas muchas de las cualidades que harán de ti un gran hombre: tu inteligencia, tu sensibilidad, tu sentido de justicia y tu capacidad de soñar.

La vida es un camino largo, a veces complejo, pero también extraordinariamente hermoso. Habrá días luminosos y días difíciles; momentos de triunfo y momentos de duda. Lo importante nunca será cuántas veces tropieces, sino cuántas veces tengas la fuerza de levantarte y seguir adelante.

Recuerda siempre que un hombre verdaderamente amado y respetado por su familia es aquel que sabe proveer su hogar, aquel que construye con trabajo un capital en su vida y que además nunca olvida que lo más valioso está en la nobleza de su corazón, en la honestidad de sus decisiones y en la capacidad de cuidar, proteger y respetar a quienes lo rodean.

Que nunca pierdas la capacidad de asombrarte, de aprender, de escuchar y de mejorar cada día. Que mantengas siempre la humildad para reconocer lo que aún te falta por aprender y la valentía para perseguir aquello que realmente deseas en la vida.

Ayer no celebramos solamente tus diecinueve años, celebramos la persona en la que te estás convirtiendo, el hombre que empieza a tomar forma dentro de ti y el futuro lleno de posibilidades que tienes por delante.

Deseo para ti una vida plena. Que la alegría te acompañe, que el amor encuentre siempre un lugar en tu camino, que la salud te sostenga, que la sabiduría ilumine tus decisiones y que la bondad guíe tus acciones.

Y que nunca te falte lo más importante: el cariño de tu familia, el respeto de quienes te conocen y la certeza de que siempre tendrás un hogar al cual volver.

Porque al final, lo verdaderamente valioso en la vida no es lo que uno logra acumular para sí mismo, sino lo que puede dejar a sus herederos.

Feliz cumpleaños, hijo.Y feliz comienzo de esta nueva etapa de tu vida.

 
 
 

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