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¿De dónde sale el apoyo que ha recibido Lindsay Clancy después de matar a sus tres hijos?

  • 26 ago
  • 4 min de lectura

¿De dónde sale el apoyo que ha recibido Lindsay Clancy después de matar a sus tres hijos?

Les pongo en contexto:

Hoy se viralizado el asesinato de unos infantes, pero no por el hecho de que una abominable y trastornada madre mata a sus tres hijos, a los que tenía la obligación de proteger, sino porque ha recibido el apoyo de otras trastornadas feminazis que están tratando de imponer una narrativa absurda, victimizando a la victimaria con argumentos inválidos de que su proceder se debe a depresión, psicosis, situación económica compleja, cansancio o maltrato del esposo, que no estaba en casa para defender a sus hijos de su propia madre por ir a trabajar.

Ese es, para mí, uno de los aspectos más perturbadores de este caso: no solamente que tres niños indefensos hayan muerto a manos de quien debía protegerlos, sino la rapidez con la que parte de la conversación pública desplazó el centro de atención desde las reales victimas Cora, Dawson y Callan a la victimización de su trastornada madre.

Clancy está siendo juzgada por la muerte de sus tres hijos, de 5 años, 3 años y 8 meses. La defensa sostiene que sufría psicosis posparto y que no era penalmente responsable; Obvio los abogados pagados por el apoyo de esas feminazis buscaran la manera de evadir la justicia mediante artificios legales, pero por suerte la Fiscalía sostiene exactamente lo contrario: que podía distinguir el bien del mal y que sus actos fueron conscientes y organizados. Es decir, la responsabilidad penal todavía la está resolviendo un jurado; no las redes sociales.

Ahora volvamos a la interrogante inicial:

¿De dónde sale el apoyo para esta subnormal?

Respuesta: Este apoyo no salió de la nada.

He visto imágenes en internet que mientras esta asesina es llevada por las autoridades a una celda lugar de donde no debe de salir nunca, las feministas empoderadas le hacen una calle de honor como si fuera una heroína o de guerra, pero atrás de estas hay:

  1. Una ideología que se encarga de convencer al colectivo de que un bebé en el vientre de una madre no es un ser humano.

  2. La misma ideología dice que un aborto es la interrupción del embarazo y no el asesinato de un ser indefenso.

  3. Otra vez la ideología se encarga de convencer a la mujer de que es su cuerpo y que no es su obligación proteger a esa vida que está en su vientre.

Mientras esa estúpida ideología hipnotiza y empuja a muchas mujeres cargadas de complejos y a varios hombres deconstruidos, a las calles a manifestarse en contra de un patriarcado opresor inexistente, incendiado iglesias y vandalizando propiedad ajena con coreografías inútiles y con el eslogan de NI UNA MENOS, logrando presionar a políticos mentecatos y populistas para que aprueben leyes para un aborto gratuito y seguro: en donde el eslogan se contradice, porque también se abortan bebes del género femenino.

Y ahí aparece el doble rasero que incomoda.

Si mañana un padre estrangulara a sus tres hijos mientras su esposa sale de casa y después alegara depresión, agotamiento, problemas psicológicos o presión económica, ¿veríamos la misma cantidad de publicaciones llamándolo “víctima del sistema”, pidiendo comprensión y explicándonos cuánto estaba sufriendo?

Me cuesta creerlo.

Probablemente escucharíamos —correctamente— que un adulto puede tener problemas gravísimos y, aun así, las primeras víctimas siguen siendo los tres niños muertos.

También leí en internet —y pido a Dios que la historia sea cierta— que un hombre, con sus cinco sentidos y con una boda lista para celebrarse el fin de semana siguiente a este hecho, anuló el matrimonio porque su novia era una de las feministas que apoyaba a la asesina.

La enfermedad mental puede explicar una conducta y, dependiendo de la ley y de la evidencia médica, incluso modificar la responsabilidad penal. Pero explicar no significa romantizar, y mucho menos borrar a las víctimas.

No necesito negar que la psicosis posparto exista para plantear esa crítica. Existe y puede ser una emergencia psiquiátrica gravísima. Lo que rechazo es que una enfermedad se convierta automáticamente, desde las redes, en absolución moral antes incluso de que termine el juicio.

También existe una discusión moral más profunda. Durante años hemos escuchado discursos que presentan la vida prenatal exclusivamente desde la autonomía del adulto: “mi cuerpo”, “mi decisión”, “interrupción del embarazo”. Quien considera que la vida humana merece protección desde la concepción tiene todo el derecho a preguntarse qué ocurre culturalmente cuando el valor de esa vida termina dependiendo cada vez más de cómo el adulto la percibe.

Tres niños fueron asesinados. Ese debería ser el punto de partida de cualquier conversación.

Podemos discutir salud mental, responsabilidad penal, maternidad, aborto o feminismo después. Pero cuando una ideología necesita cambiar de principios dependiendo del sexo de quien mata, el problema ya no es la justicia: es el fanatismo.

Y sí: si un hombre hubiera hecho exactamente lo mismo, me gustaría ver cuántos de quienes hoy piden “empatía” estarían explicándonos primero su depresión antes de llamarlo monstruo.

La podredumbre no apareció ayer, lleva años moviéndose entre nosotros, el feminismo fue y será un cáncer que se anida en el socialismo.

 

 
 
 

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